Esta reseña debería llamarse «Páradais o cómo las expectativas pueden traicionarte como lector».

Sinopsis: «En un conjunto residencial de lujo, dos adolescentes inadaptados se reúnen por las noches para embriagarse a escondidas y compartir sus descabelladas fantasías. Franco Andrade, obeso y solitario, adicto a la pornografía, sueña con seducir a la vecina de al lado- una atractiva mujer casada, madre de familia-, por quien ha desarrollado una obsesión malsana; mientras que Polo, su reacio compañero, fantasea con renunciar a su agobiante empleo como jardinero del exclusivo fraccionamiento y huir de su casa, de su pueblo infestado de narcos, y del yugo de su dominante madre. Ante la imposibilidad de conseguir lo que cada uno cree merecer, Franco y Polo maquinarán un plan tan pueril como macabro».
Ya todos saben que Temporada de huracanes me pareció un libro espectacular y se convirtió de inmediato en uno de mis favoritos. Los recursos narrativos que Fernanda Melchor utiliza para imitar la oralidad me parecen geniales y la violencia y desesperanza que logra transmitir en cada página son realmente abrumadoras.
Por ese motivo no podía esperar para leer esta nueva novela de Melchor, necesitaba saber con qué me sorprendería esta vez, de qué forma abordaría la vileza y la miseria humanas en sus personajes grises e irredimibles.
Gran error.
La cosa empezó bien. Polo es un muchacho que odia su trabajo de jardinero en Páradais, un barrio privado, y dedica su tiempo libre a emborracharse y fumar con Franco Andrade, residente de Páradais y a quien soporta únicamente porque es el único de los dos que tiene dinero para comprar el alcohol que comparten. Polo tiene una pésima relación con su madre, quien lo obliga a trabajar para aportar dinero a la casa y ayudar a mantener a su prima Zorayda, que está esperando un hijo de padre desconocido. Por su parte, Franco Andrade es un muchacho con sobrepeso que vive con sus abuelos en Páradais y está obsesionado con su vecina, la despampanante señora Maroño, con quien tiene las más delirantes y lascivas fantasías sexuales. Las ambiciones de estos dos muchachos, sumadas al ambiente de opresión y desasosiego en que viven, desencadenan una serie de acontecimientos macabros y de extrema violencia.

El problema aparece al ir avanzando en la novela. El estilo narrativo es el mismo que en Temporada de huracanes, una catarata de frases e ideas conectadas sin pausa que imitan la oralidad, en un tono coloquial y con expresiones cotidianas y vulgares. Es exactamente el mismo estilo, pero como fue una pieza fundamental del éxito del libro anterior es entendible y hasta esperable que lo reutilice (y confieso que me encanta). Pero también se repiten otros recursos, como las letras de canciones intercaladas en medio de la narración, el tema de la relación conflictiva madre-hijo e incluso el leve tono sobrenatural que aportaba la bruja de Temporada de huracanes y que en Páradais se encarna en el personaje de la Condesa Sangrienta, una leyenda urbana que atemoriza a Polo.
Está bien usar recursos que ya resultaron exitosos una vez pero, por si eso fuera poco, la novela está plagada de páginas de relleno. Tiene mucho, mucho relleno que no aporta nada a la historia y que altera el ritmo de la historia. Al final, la narración termina siendo reiterativa y divagadora y la trama pierde mucha fuerza por eso. Tiene un buen comienzo, atrapante, después divaga un poco, mete relleno y, luego, pum, el final.
Reconozco que muy probablemente mi lectura estuvo influenciada por mi experiencia con Temporada de huracanes. Esperaba encontrar algo similar, de ritmo vertiginoso, profundo y retorcido, que me atrapara de principio a fin. Y es imposible leer Páradais sin compararlo con su hermano mayor. Si bien la autora es experta retratando la violencia más cruda y visceral y explorando el mal inherente a lo humano, y en esta novela hace un buen trabajo con eso, sentí que no fue suficiente. Creo que si este libro fuera mi primer acercamiento a Fernanda Melchor la situación sería diferente, no me habrían molestado ciertos detalles y, más allá del relleno y el ritmo vilipendiado, me habría gustado bastante más.
En resumen, Páradais es un libro que quiere pero no puede. Empieza bien, pero el relleno y la repetición de recursos lleva a que se desperdicie una jugosa premisa y buenos personajes. Sentí que era un libro escrito por encargo, por el mero hecho de publicar y no perder mercado. Espero equivocarme y que solo sea impresión mía. De todas formas, seguiré expectante para ver qué nos trae a continuación Fernanda Melchor.
